Desde el exilio I : De la envidia y los tiñosos, por Saha Ardah.

miércoles, 30 de noviembre de 2011
Buenas!

Veo interrumpido mi "retiro espiritual en verdes tierras" por noticias danzantes desde mi tierra natal, y no precisamente buenas, si no del palo "vivoras con lentejuelas atacan de nuevo".

No les dirijire ningun comentario ahora mismo, porque mi diplomacia e imaginación no es la misma que la de mis amigas. Pero, las que desprestijian la danza, son las vivoras con lentejuelas, y me da rabia que se camuflen bajo las lentejuelas y nadie las vea. Si tienes que destrozar a todo lo que pillas, porque te crees superior, para conseguir ser algo e hincharte el ego, me das pena. Casi me parece mas etico enseñar las tetas al bailar para tener mas fama, por qué no probais con eso, y dais menos por saco?

En fin, os dejo el texto, escrito por Sahra Ardah:

"

Mis queridos profesores, colegas, amigos y alumnos:

Este podría ser un ensayo que llenase páginas y páginas en el libro de la vida y con el que muchos se sentirán identificados.

Lo escribo un día después de dar un espectáculo al que asistieron 300 personas, en una ciudad en la que la danza oriental, por desgracia, es activada la mayor parte de las veces por las propias alumnas, pocas, y muchas que lo fueron mías (y lo digo con gran orgullo). Supongo, entonces, que concentrar a tanta gente puede llamarse éxito.

Resulta que hace 3 años yo vivía en esa ciudad y la danza oriental estaba viva. Se movía. Mis alumnas participaban en espectáculos, se organizaban seminarios, un festival anual, conferencias. Yo me fui y "nunca mais". Bueno, miento, salvo cuando se le ocurre a alguna persona organizar alguna cosa, que entonces, de forma automática, surgen 2 o más iniciativas, a veces en la misma academia y a la misma hora. Y esto último me ha pasado a mí.

Los aplausos que reciben a unos, a otros les duelen profundamente, porque, como cuenta la leyenda de la serpiente y la luciérnaga que aquí les enlazo, no soportan ver brillar a otra persona que no sean ellos mismos (http://fraseleccion.galeon.com/aficiones1054488.html).

Tras años de formación y en mi continuo interés por mejorar y avanzar, al ser consciente de mis imperfecciones, he trabajado de forma regular con los grandes MAESTROS que están a la vista en mi curriculum. Todos con estilos diferentes. Todos sabios. Todos grandes. Algunos conocidos. Otros no. Criticar mi estilo, es criticar a esos grandes. Llamar poco profesionales a personas reconocidas a nivel internacional. Porque mis maestros son grandes figuras en el mundo en el que me muevo y eso me hace sentir la rotunda seguridad de que lo que he aprendido, bien aprendido está.

No puedo imaginarme a ninguno de ellos criticando con malicia a ningún profesional. ¿Por qué será? Probablemente sea porque la experiencia nos hace más sabios, nos indica que lo que sabemos siempre puede ser ampliado, nos enseña a valorar el esfuerzo que hace el otro y a darnos cuenta, que las críticas destructivas son bidireccionales y que cuando uno las hace es lícito que el criticado también las emita.

Creo firmemente que lo que uno da en la vida, le es devuelto multiplicado de forma exponencial. Si uno es bueno y hace el bien a pesar de las adversidades, la vida le devolverá sacos, kilos y toneladas de felicidad. Si uno hace el mal, busca herir a los demás y se alegra del dolor ajeno, su vida será miserable, triste y sombría.

A la luz de un par de críticas emitidas acerca de mi estilo por personas que quisieron ser anónimas pero que son reconocibles en el primer "clic" de ratón, escribo esta nota. Su acto me permitiría a mí, como persona criticada emitir un juicio de valor sobre el estilo de esas "figuras", de las que mucha gente ni siquiera tendrá conocimiento de que existen. Sin embargo, prefiero ahorrarles la vergüenza pública de que la gente sepa cómo se comportan. Quizás aún puedan redimir su culpa...

Criticar bajo el anonimato el trabajo de una persona, por el mejor hecho de desprestigiarlo, uno puede llamarlo como quiera, pero a mi juicio es bajo, rastrero y cobarde. Sentarse detrás de una butaca y criticar por haber escuchado con envidia los aplausos a rabiar de 600 manos es, simplemente, patético. Un comportamiento de un niño malcriado.

Hay un dicho etíope que dice: "Reza porque te envidien".

Y mi abuela repetía con gran frecuencia: "Si la envidia fuera tiña, cuantos tiñosos habría".

No envidiemos los éxitos de los otros. Valoremos y reconozcamos su esfuerzo. Porque detrás de los aplausos siempre, siempre, siempre hay mucho trabaho y un gran sacrificio.

Sahra Ardah"

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